martes, 23 de agosto de 2016

El corazón que se renueva






Hace unos días me contactó una persona muy querida que hacía más de 25 años que no veía. Fue tan grato reconocer su voz, hablar con ella y saber que se encontraba bien. Lo más raro de todo el asunto es que me confesó que también le habían diagnosticado la bipolaridad. Me impactó mucho el que me lo dijera, pues no es tan común (aunque cada vez lo es más).

Algo que me conmovió fue el profundo dolor de las experiencias de vida que había vivido en los últimos años. Experiencias que lo han llevado por un camino en el que ha tenido que probar su corazón una y otra vez. Un corazón que ha sido sometido a la violencia y al abandono indiscriminados de parte de sus padres desde que era un niño. Recientemente, siendo una persona de más de 45 años, es probado en toda la dimensión de su entrega y amor al tener que cuidar a su madre en una larga convalecencia; madre que como ya dije, lo abandonó desde que era un bebé. Posteriormente, tuvo que cuidar durante meses a la madre de sus hijos, de quien se separó hace muchos años y que estuvo a punto de morir debido a un cáncer muy agresivo.  

Actualmente, ambas mujeres se encuentran bien, gracias a los cuidados y al amor de mi amigo. 

Este tipo de pruebas, pues estoy convencida de que no son otra cosa, nos dan lecciones de vida que pueden leerse de diversas maneras. La primera y más común es la de la queja y el lamento, la cual no puede aportar nada, sino un "más de lo mismo" en la cuota de sufrimiento diario. 

Una segunda forma de ver dichas lecciones, es recibir las experiencias como un aprendizaje en el que nuestro corazón se renueva. Una renovación que implica el perdón por las ofensas recibidas, por el profundo dolor que nos habita, y la capacidad de accionar y dar lo que tenemos, por la vida. 

Esa dádiva personal, de la cual somos capaces como especie, es suficiente para honrar a todos y cada uno de los seres humanos, pues demuestra, que aún cuando nuestro ser haya sido sometido al miedo, al dolor, al rechazo, al maltrato y demás experiencias negativas, siempre subsiste dentro de nosotros esa posibilidad de generar amor, lo cual nos hace dignos de vivir y nos da la fuerza suficiente para seguir puliendo ese diamante maravilloso que todos llevamos en el centro del pecho y que nos da vida, alegría y paz interior.

Enhorabuena por mi amigo, me siento honrada de ser parte de su vida nuevamente.












viernes, 1 de julio de 2016

Abrirnos a los matices emocionales




Las personas bipolares oscilamos continuamente entre la depresión abismal y la alegría exacerbada. Nos cuesta mucho trabajo experimentar el resto de los matices emocionales.  Tal vez en algún momento de la vida, alguien (mamá, papá, tíos, hermanos, abuelos, amigos) nos dijo que no era bueno expresar lo  que sentíamos, entonces dejamos de llorar, de reír, de sentir dolor, de expresar aquello que nos molesta, o evitamos enojarnos para no molestar a los demás. Las expresiones de nuestro sentir se quedan acalladas en algún lugar del cuerpo y de la mente, hasta que un día explotan como una olla de presión.

Conocernos nos permite empezar a liberarnos de esa contención emocional, desplegar el abanico de nuestras emociones con libertad y dejar de oscilar mecánicamente dentro del espectro depresión-euforia. 

Abrazar, abrazarnos, sentir el dolor, permitir que surja, que venga, que nos envuelva, no tiene nada de malo. El otro día en que pasaba por varios problemas fuertes a la vez, fui consciente de que tenía una gran resistencia al dolor, que deseaba que todo acabara pronto. Después de un rato, me di cuenta de que el dolor no se iría así. Así que me solté, relajé mi cuerpo, y le dije: bien, tómame, quiero sentirte. Y el dolor me cubrió como una enorme crisálida, y adivinen qué, el dolor desapareció en unos minutos. No volvió más y me hice cargo de todos mis problemas, uno por uno, con una tranquilidad inusitada. 

El miedo es parte de la vida del hombre. Pero el miedo al dolor, es un miedo que nos paraliza, que nos inutiliza y que nos hace caer en la evasión depresión-manía.  Bien visto, cualquiera de los dos polos, puede llegar a ser una terrible y mezquina evasión del dolor (paradójicamente esa evasión trae aún más dolor). 

Tal vez, habría que empezar a hacernos más amigos del dolor y advertir que aún cuando no es agradable, trae aparejado un gran aprendizaje y una gran apertura del corazón.

viernes, 29 de abril de 2016

La meditación y la bipolaridad







La meditación, en cualquiera de sus modalidades, es una práctica que entrena a la persona a manejar una frecuencia cerebral  distinta a la que comúnmente usamos. En circunstancias ordinarias, la mente se encuentra en ondas alfa y la meditación promueve ondas beta y gamma. Esto comporta cambios a muchos niveles; a nivel de la química cerebral influye en la producción de hormonas y neurotransmisores como las endorfinas, las cuales aportan una sensación de bienestar y tranquilidad; también promueve cambios corporales en los que nos encontramos alerta pero sin prisa, enfocados y concentrados en una sola actividad, en estado de calma y con mayor lucidez. Esto debido a que en la mente ya no se suceden los pensamientos atropelladamente. La mente está más limpia. No somos víctimas del estrés, ni de la angustia.



La práctica de la meditación me hizo comprender que había cosas en mi vida que no estaban bien. Tenía contradicciones entre lo que pensaba, lo que sentía y lo que finalmente hacía. La práctica fue integrando mi ser. Poco a poco empecé a ser congruente y lo más importante, a enfrentar aquello que me producía crisis.

Además de la meditación, nuestro maestro nos ha mostrado el camino del servicio. Servir, para mí, es un acto sagrado que garantiza la congruencia entre la vida y el crecimiento interno. Servir es un tónico para el alma y para mí, un remedio que ayuda a sanar con eficacia la bipolaridad.

Servir es un verbo amplísimo; es un acto trascendente que puede iniciarse en lo más cotidiano y simple: atendiendo a los  hijos, a la pareja, cocinando un buen platillo para la familia, curando a alguien, enseñando, dando lo que soy, lo que sé, lo que tengo. Lo que he encontrado es que para que sea eficaz debe de ser un acto natural, nunca obligado, nunca de mal humor. De preferencia debo servir disfrutando, libremente, fluyendo con armonía. Cuando siento el amor picando una verdura, barriendo, escribiendo, compartiendo algo que puedo hacer bien, me estoy curando. Me curo de mi impaciencia, de mi egoísmo, de mi cortedad, de mi intolerancia, de la sensación de que el mundo corre sin mí o a pesar de mí. Me siento plena, hay una sensación de paz, de contento. Servir ha sido para mí tan importante como el medicamento, porque me dota de alegría y de un sentido de vida.


 

domingo, 27 de marzo de 2016

La luz en la oscuridad



Feliz día de la Resurrección. Es un día en que la humanidad entera debe estar en profunda gratitud por la existencia de los Maestros.

Hoy comparto en anonimato, la misiva que me envió una persona al mail de este blog y mi respuesta. Sé que a muchos les resonará y les será útil.  :)


 "Hola,te escribo con la cara bañada de lágrimas, y cada una de ellas te agradece... Después de mucho cuestionamiento y resistencia, hoy concreté el buscar ayuda...asistí a terapia psicológica...leerte es leerme, es dejar por escrito lo que vivo...ha sido oscuro y resplandeciente en ocasiones...pero esta intermitencia e inestabilidad han dejado una triste huella de frustración y falta de confianza en mí....ya no me creo, sé que la luminosidad desbordante no es más que la antesala de viajar por suburbios sin luz...me siento cansada, sólo quiero reconciliarme conmigo, experimentar ternura de mí para mí, pero me ha sido muy difícil encontrar este tesoro...evadí mi realidad con testarudez y astucia, contorneándome para no nombrar quien soy....fui muy cobarde, hoy creo avanzar un pasito. Hay momentos en que mi mente alberga al mismo universo y todo es claro, es belleza, en dibujos, en pinturas, en texturas, en la luz...poseo la capacidad de generar redes luminosas, pero mi capacidad de concreción se disuelve como el rocío...me siento nadando en el caos, ha sido muy duro ordenar, priorizar, programar y cumplir....soy una mujer de fé, sé que no hay imposibles, ninguno, y  yo estoy dentro de aquella posibilidad, de sanar...no quiero que se enfríe mi amor, no quiero ser la incredulidad de mí misma...necesito ayuda. Gracias porque leer tu blog ha sido un bálsamo aunque no puedo dejar de llorar..."



R:
"Gracias por tu confianza y tus sentidas letras que reflejan un corazón contrito y con una demanda muy clara: comenzar a ser tú misma. Llorar es una limpieza maravillosa que desnuda el alma y nos permite acceder a ella. Comenzar a viajar por el autoconocimiento para darte cuenta de que la luz es tu esencia y que no debe doblegarte esa aparente oscuridad en la que has vivido y que nubla tus ojos. Cultiva tu espíritu, cultiva tu amor hacia ti misma, hacia la vida, y si tienes un poco de gratitud hacia tus padres, y hacia el hecho de estar viva, estás en el camino que te llevará al reencuentro contigo misma. La oscuridad, ya es parte de tu pasado. Ahora es tu propia esencia la que te lleva de regreso a casa."

Bienvenida.

Un abrazo en luz.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Reflexiones sobre el amor




El amor es lo único que transforma porque la creación está hecha de esa sustancia. Todo lo que vivimos es por amor. Algunos dicen que el día en que tu alma regresa a la Fuente, el Altísimo sólo te formulará una pregunta: 

¿Qué fue lo que no hiciste con amor? 

Ante tal pregunta, tu alma hará un recuento, y después de ese recuento escogerá nuevamente a las personas que lo acompañarán en su siguiente encarnación: su padre, su madre, sus hermanos, sus amigos y sus enemigos. Escogerá a las almas con las que  probablemente tiene deudas de muchas vidas atrás. Escogerá situaciones, condiciones, enfermedades, que signifiquen retos cada vez más grandes para probar su alma; para atestiguar si está preparada para amar y perdonar.


Dicen que perdonar es la forma de amor más elevada, la más grande. Si has perdonado, no sólo no olvidas la afrenta, sino que eres capaz de desear lo mejor a esa persona que te ha ofendido, que te ha maltratado, que te ha herido, eres capaz incluso de orar por esa persona. Dejas de cavar sobre lo ya vivido, dejas de rascar sobre la herida, porque ¿qué sentido tiene hablar una y otra vez del tema? Eso se llama resentimiento. Re-sentir: volver a sentir. Volver a abrir la herida...


Hablar una y otra vez de tu herida, puede significar varias cosas: 

1)      Que en verdad no has perdonado.
2)      Que buscas que se compadezcan de ti,  o sea colocarte en el lugar de la víctima.
3)      Que quieres responsabilizar al otro de lo que pasó. 

Si creemos en la reencarnación, acaso sabemos:

¿Qué fue lo que nosotros hicimos en otras vidas en contra de aquél que ahora nos ha dañado?
¿Estamos seguros que no somos nosotros los victimarios, los agresores que ejecutamos nuestra violencia, nuestro rencor, nuestro odio sobre otros? 
¿Estamos seguros de que somos nosotros los elevados?


Podrías argumentar que no crees en la reencarnación, pero suponiendo que SÍ SEAS UN ALMA ELEVADA, ¿No es el perdón la forma de amor que podrías dar a raudales independientemente de lo que hayas vivido? ¿Del sufrimiento que hayas experimentado?


Podrías decir que tampoco crees en que efectivamente existan niveles de elevación entre las almas, pero entonces ¿No es el amor la única forma genuina de crear felicidad en esta tierra?


Y si no crees en el amor,

¿Qué haces entonces sobre la Tierra?


jueves, 18 de febrero de 2016

Adictos a la emoción



¿En qué nos hemos convertido los humanos? Estamos a la espera de aquello que va a ser emocionante nuestras vidas. Lo que nos va a hacer vibrar. ¿Por qué razón somos adictos a las emociones fuertes? ¿De verdad no tenemos otra cosa qué hacer que construir un caldo de cultivo de emociones que nos sobrepasen continuamente? ¿Que nos hagan sentir? Porque ante lo sencillo, ante lo cotidiano, ya no sentimos. Estamos bloqueados a la belleza en calma de un paisaje, de un amanecer, de una flor que se abre...

Estamos cegados a un caminar por caminar, a un paseo por la tarde, a una charla con un amigo, a tomar el té de las cinco, a dibujar, a escribir, a cocinar para alguien que amamos, a brillar a solas, a llorar cuando es necesario. El ser humano de hoy no quiere vivir en la paciencia, en la simpleza de ser quien somos, ni más ni menos. El ser humano de hoy tiene prisa por vivir, y en consecuencia, tiene prisa por morir.

A los bipolares nos atraen las emociones. Somos adictos a la emoción, como el alcohólico lo es a la bebida y el drogadicto a la droga. Nosotros nos pensamos en términos de emociones. Decaemos ante lo que no nos gusta, ante lo que nos exige, ante lo que debemos cambiar y no nos da la gana cambiar. Nos exaltamos ante la pasión amorosa, ante la posibilidad de volar cuando podemos caminar, ante las ideas que nunca se aterrizan, ante la precipitación de comprar lo que no nos hace falta. Esa es la palabra: vivimos precipitados, al borde del abismo, para lograr sentir.

Un día en la infancia, alguien, algo, nos orilló a no sentir. Fue tan fuerte la experiencia que no pudimos hacer otra cosa que aprender a no sentir. Entonces, como nuestra naturaleza de seres vivos es la de sentir, estamos siempre entre la dicotomía de sentir/no sentir. Euforia/depresión. ¿Se han puesto a pensar que la depresión no necesariamente es tristeza? Que la depresión es más bien una coraza para no sentir? ¿Que la depresión es sentirse congelado? ¿Estar vivo como si estuvieras muerto? ¿Y que la manía es una exaltación cuasi-religiosa que viene como rebote a esa incapacidad de sentir?  

Curemos la depresión y curaremos por default la manía...

¿Qué nos queda entonces? 

Pues yo diría que reaprender a SENTIR. ¿Cómo? Pues sensibilizándonos... escribiendo, pintando, haciendo algo creativo. Jugando con niños, como niños. Estando con personas enfermas, sirviéndolas, amándolas. Amando a las personas sin apego, como amas una calandria, el canto de un cenzontle... Amando la naturaleza, el cielo, las nubes. Dejar de ser los robots que nos enseñaron a ser. Dejando el ego detrás y no tener miedo al ridículo, al qué diran... Dejemos nuestra impostura de personas serias, de personas importantes, de personas que toman MUY EN SERIO la vida y vivamos con alegría, con gozo. Aún es tiempo...


sábado, 13 de febrero de 2016

Un compañero en situación de calle




Una de las cosas que más me impresionaron al asistir a un grupo de apoyo fue el escuchar el testimonio de un hombre bipolar que se encontraba en ese momento en situación de calle. Es decir, que dormía y vivía en la calle. Y me impresionó vivamente porque ése ha sido uno de los miedos más grandes que he tenido como bipolar. El quedar totalmente desprotegida, sea porque me abandonen o mueran mis padres o mi esposo, o porque no haya nadie que me pueda auxiliar en una situación de crisis. Decía la persona que guiaba el grupo que ese miedo, no es un miedo en sí, es un síntoma de la enfermedad y es común tenerlo durante una crisis depresiva.
Este hombre que llamaremos M. tenía una buena posición económica; había estudiado una carrera en una universidad de prestigio y durante un tiempo hizo una carrera brillante. El problema es que nunca se medicó con disciplina. Alegaba que él estaba bien y que no necesitaba de ningún tipo de medicamento. Fue así como poco a poco su vida se fue deteriorando. Se le fueron cerrando las puertas en el trabajo y las amistades le retiraron el habla. Su familia lo había ayudado varias veces internándolo en hospitales privados cuando era necesario. Pero estaban cansados de ayudarlo y que poco después viniera otra crisis. Dado que no tomaba medicamento la bipolaridad se fue agravando y las crisis arreciaron, menoscabando su integridad mental y psicológica. Los padres murieron y se vendió la casa. Los hermanos le dieron su parte, misma que gastó en otros pocos internamientos, hasta quedarse sin nada. Fue ahí que llegó al grupo de apoyo en donde lo conocían de muchos años atrás. Su situación era desesperada. No contaba ni con lo básico. Para entonces, no sólo tenía el TB, también sufría de hipertensión y diabetes, para lo cual tampoco se medicaba. Unos días después la directora del grupo, lo ayudó a entrar a una casa de asistencia para personas que no tienen hogar.

El caso de esta persona me causó mucha tristeza, sin embargo despertó mi conciencia y me alertó. Me quedó claro que la bipolaridad es una enfermedad que si no se atiende, se agrava, ya que se producen crisis cada vez más fuertes y con mayor frecuencia. Mientras más recurrentes sean, mayor dificultad para su control. El deterioro entonces, es inevitable. También pensé que en verdad, la responsabilidad de nosotros como pacientes no está en la familia ni en el médico, sino en el compromiso que uno haga consigo mismo para tomar el medicamento y para disciplinarse en los aspectos que pueden reportarnos mejor calidad de vida.