domingo, 9 de abril de 2017

Nace un Sol


Nace un sol                                Atimaya


Vienen los días Santos. Cada quien desde su lugar puede vivirlos de diferente manera. Puedes ignorarlos o descansar del trabajo. Puedes irte de viaje o profundizar en ellos.

 A mí se me ocurrió profundizar. Y profundizando toqué una puerta, y la puerta se abrió. En ese abrir, encontré un sol interno. Un sol que iluminaba todo mi ser y que se expandía poco a poco hasta ocupar toda la sala, y luego todo el apartamento, y luego el edificio, la colonia, la ciudad entera. 

Luego no hubo más límites y mi sol era del tamaño de la tierra, y lentamente ascendió, y ahora en mi horizonte veo dos soles, y sé que pronto veré más...

martes, 28 de febrero de 2017

La aceptación de uno mismo

                                                                 


Estos meses he reflexionado sobre lo que debo cambiar para sentirme mejor bajo mi piel. Pensaba que era cosa de ajustar el medicamento, o de perdonar a otros, o de tener rutinas de sueño fijas, o de comer mejor, o de meditar más.  Todo lo que les he escrito anteriormente y que sin duda me ha dado una mejor calidad de vida. Pero, ¿saben? me di cuenta de algo que nunca había hecho. Algo que para mí representa la quintaesencia del asunto de ser bipolar:

Nunca me he aceptado como soy. Yo decía, me voy a dar amor a mí misma, pues sí, pero si no te aceptas con todo lo que eres, con toda esa luz y esa sombra que te constituye, ¿podrás amarte mejor? La verdad es que no. Si no hay aceptación, no puede haber ningún avance real en ningún sentido.

Me di cuenta de que siempre he tratado de esconder mi problema. De que siempre he disimulado mi padecimiento, de que aún con mi familia me esfuerzo en parecer normal. Están tan acostumbrados a que funcione tan adecuadamente, que hasta se sorprenden el día que me da una crisis.

No digo que lo mejor sea gritar a los cuatro vientos que se es bipolar. Pero, ¿no sería un gran paso empezar por casa? Es decir, cómo pretendo que las personas me acepten si yo misma no me acepto como soy. Podría decir que incluso hasta me rechazo. Sí, estoy consciente, es un gran trabajo a realizar.

Entonces empecé a decirme a mí misma: Soy bipolar y está bien que sea bipolar.  Se oye absurdo ¿verdad? Pero es mi realidad ¿La puedo cambiar? ¿Puedo cambiar de cuerpo? ¿Puedo cambiar de mente? No. No puedo. Soy bipolar y está bien que sea bipolar. Por algo estoy ahí. Aprendiendo sobre mí misma, sobre las emociones, sobre mi gran ego que se enconcha y espera que otros le resuelvan los problemas. (Y además, a veces está bien que otros resuelvan los problemas. Eso nos está generando al interior un poco de humildad y sobre todo, gratitud).

Además, déjenme decirles qué he aprendido sobre las emociones y los sentimientos: Que puedo dejarlos fluir. Que puedo llorar si extraño a mi hija. Que puedo llorar mi condición, que puedo dibujar cómo me siento. Que puedo externar lo que me duele, lo que me frustra, lo que me da miedo. Los bipolares tememos fluir y externar lo que sentimos, creemos que si lo hacemos,  podemos desatar una crisis. Nada más lejos de la verdad, necesitamos espacios para dejar que suceda, quedarnos solos una tarde y llorar. Porque somos bipolares en gran medida porque no tocamos otros estados que no sean la tristeza o la euforia. ¿No sería bueno trabajar con el sentirse impotente? ¿frustrado? ¿Trabajar con nuestros miedos?Tememos incluso decir que algo nos está doliendo en lo íntimo, en el alma.

Entonces, aceptar la condición de ser bipolar,  no es nada fácil,  porque ser bipolar  es una de las situaciones más vulnerables y duras que puede enfrentar el ser humano, porque difícilmente puede ganarse la vida por sí mismo, porque no tiene el control de sus emociones, porque depende de medicamentos, porque tiene  muchas veces el rechazo de la familia y la sociedad, porque no halla su lugar en el mundo y un largo etcétera. Es difícil, de las cosas más difíciles y denigrantes y tristes que le puede pasar a alguien. Pero no por eso, tenemos que darnos por vencidos.

No hay razón para hacer eso, y uno de los primeros pasos que podrían hacer la diferencia, es aceptarnos. Abrir el corazón y llorar nuestra condición, aceptarnos y entendernos mejor, aceptarnos y tomar nuestras cualidades, aceptarnos y tomar nuestro destino.  Entonces la bipolaridad comenzará a comportarse como un animal que se domestica poco a poco, que cada vez tiene menos bríos, que cada vez conocemos mejor. Somos personas con una gran sensibilidad y múltiples talentos. Hagamos trabajo en ese sentido. Es absurdo querer ser comerciantes si nos gusta el arte, o ser taxistas si lo que nos gusta es ser maestros o tocar un instrumento. Es absurdo traicionarnos. Aquí estamos, somos muchos y cada uno desde su lugar, puede comenzar por aceptarse, y luego de aceptarse, lograr amarse... y una vez logrado esto, se los aseguro, no hay límites...




martes, 17 de enero de 2017

Bipolaridad y espíritu


Siempre me he preguntado qué relación tiene la bipolaridad con el espíritu. Conozco amigos bipolares que coinciden conmigo en una cosa: somos más sensibles y por lo tanto estamos más abiertos a percibir. La percepción puede ir desde sueños que se anticipan a circunstancias que suceden, o puede ser simple intuición sobre cosas que van a pasar, sincronicidades, a veces imágenes mentales e incluso voces que aparecen de pronto durante un periodo estable.

Estoy segura de que muchos lectores de este blog comparten experiencias como éstas y me gustaría que esta entrada pudiera ser un espacio en el que el lector pueda contar brevemente como ha sido para él ser más sensible que la media. Querido lector, te animas a contar algo de tu experiencia? Yo tengo varias historias que contar, pero, habrá alguien más que comparta este vivir que  a veces resulta un poco desconcertante?

lunes, 12 de septiembre de 2016

Amar sobre todas las cosas




Adaptarse a los cambios es una actitud de suma importancia en cualquier circunstancia vital, pues la vida se trata de eso, de fluir, de experimentar, de cambiar (pues como bien decía el Buda, la vida es cambio, nada permanece). Entender esto último puede llevarnos muchos años, quizá todos. Pero con un poco de conciencia y suerte, podríamos sentir -más que entender- que no aferrarse a las cosas, a las experiencias, a las personas, a las posesiones, puede ser nuestra mejor arma para no sufrir.

El apego es sufrimiento, mientras que soltar, puede ser la mejor medicina. También en el soltar se incluyen todas aquellas experiencias de dolor que hemos sufrido en nuestras vidas, pues cada una de estas experiencias tiene un propósito que se resume así: aprender a amar sobre todas las cosas.

Si a nuestro corazón blindado, acorazado, protegido, endurecido, aún no llega la experiencia de amar, podemos intentar lo que alguna vez se me ocurrió hacer en un momento de desesperación: pedir al Altísimo que desnudara mi corazón, que le quitara todas esas corazas que le impedían sentir. Entonces sucedió lo inexplicable. Rendirme al Supremo fue la cura de todos mis males, de todas mis experiencias negativas. Comencé a llenar de amor todos mis huecos, todas mis desesperanzas, todos mis fracasos, todas mis historias. Y así, he ido expandiendo mi capacidad de amar en el día a día. Dejo pues, un poema que resume bien lo dicho hasta ahora. 



Es todo un arte saber amar.

Un arte que se antoja diferente,
sin apegos,

sin condiciones.

El amor incondicional
viaja a la frontera
de lo que el ser humano no conoce.
El amor incondicional
es eso,  un amor sin condiciones.
Un amor libre
Un amor en el que te amo
Y no espero nada.

Te amo porque te amo
Te amo y te cuido
Te amo cuando estás
Te amo y te procuro
te amo y te respeto
te amo y no pienso,
sólo estoy contigo.

Te amo y sé que hay un potencial

que hay que cuidar,
te amo y no uso palabras ni reclamos,

te amo y veo el horizonte
la posibilidad de construir,
de crear otro mundo con nuestro amor.

Te amo y no te he tocado
te amo y trasciendo el deseo
te amo y te admiro.
Te amo
y cuando hablas
una ola dulce viene a mis pies,
chapoteo en ella.

Te amo y tú eres la piedra que se arroja al agua
y yo esa agua que ondea.

Te amo en esa intimidad de la semilla y el fruto,

del oro y la piedra.
Te amo como la nube al cielo
como la espina a la rosa
como el Sol que nace a la Tierra cada día.

Te amo y no lamento que no estés aquí
te amo y no te recuerdo
Te amo y no te añoro.
Te amo en tu presente
para que mi amor sea limpio
para que mi amor no tenga pasado ni futuro
sólo el presente.

Te amo y te cocino
Te amo y me visto para ti
Te amo y hago una obra para ti
Y amándote en este presente
en el que las palabras no tienen cabida,
en donde el sueño no es,
aquí  
en este preciso instante,
te amo.

martes, 23 de agosto de 2016

El corazón que se renueva






Hace unos días me contactó una persona muy querida que hacía más de 25 años que no veía. Fue tan grato reconocer su voz, hablar con ella y saber que se encontraba bien. Lo más raro de todo el asunto es que me confesó que también le habían diagnosticado la bipolaridad. Me impactó mucho el que me lo dijera, pues no es tan común (aunque cada vez lo es más).

Algo que me conmovió fue el profundo dolor de las experiencias de vida que había vivido en los últimos años. Experiencias que lo han llevado por un camino en el que ha tenido que probar su corazón una y otra vez. Un corazón que ha sido sometido a la violencia y al abandono indiscriminados de parte de sus padres desde que era un niño. Recientemente, siendo una persona de más de 45 años, es probado en toda la dimensión de su entrega y amor al tener que cuidar a su madre en una larga convalecencia; madre que como ya dije, lo abandonó desde que era un bebé. Posteriormente, tuvo que cuidar durante meses a la madre de sus hijos, de quien se separó hace muchos años y que estuvo a punto de morir debido a un cáncer muy agresivo.  

Actualmente, ambas mujeres se encuentran bien, gracias a los cuidados y al amor de mi amigo. 

Este tipo de pruebas, pues estoy convencida de que no son otra cosa, nos dan lecciones de vida que pueden leerse de diversas maneras. La primera y más común es la de la queja y el lamento, la cual no puede aportar nada, sino un "más de lo mismo" en la cuota de sufrimiento diario. 

Una segunda forma de ver dichas lecciones, es recibir las experiencias como un aprendizaje en el que nuestro corazón se renueva. Una renovación que implica el perdón por las ofensas recibidas, por el profundo dolor que nos habita, y la capacidad de accionar y dar lo que tenemos, por la vida. 

Esa dádiva personal, de la cual somos capaces como especie, es suficiente para honrar a todos y cada uno de los seres humanos, pues demuestra, que aún cuando nuestro ser haya sido sometido al miedo, al dolor, al rechazo, al maltrato y demás experiencias negativas, siempre subsiste dentro de nosotros esa posibilidad de generar amor, lo cual nos hace dignos de vivir y nos da la fuerza suficiente para seguir puliendo ese diamante maravilloso que todos llevamos en el centro del pecho y que nos da vida, alegría y paz interior.

Enhorabuena por mi amigo, me siento honrada de ser parte de su vida nuevamente.












viernes, 1 de julio de 2016

Abrirnos a los matices emocionales




Las personas bipolares oscilamos continuamente entre la depresión abismal y la alegría exacerbada. Nos cuesta mucho trabajo experimentar el resto de los matices emocionales.  Tal vez en algún momento de la vida, alguien (mamá, papá, tíos, hermanos, abuelos, amigos) nos dijo que no era bueno expresar lo  que sentíamos, entonces dejamos de llorar, de reír, de sentir dolor, de expresar aquello que nos molesta, o evitamos enojarnos para no molestar a los demás. Las expresiones de nuestro sentir se quedan acalladas en algún lugar del cuerpo y de la mente, hasta que un día explotan como una olla de presión.

Conocernos nos permite empezar a liberarnos de esa contención emocional, desplegar el abanico de nuestras emociones con libertad y dejar de oscilar mecánicamente dentro del espectro depresión-euforia. 

Abrazar, abrazarnos, sentir el dolor, permitir que surja, que venga, que nos envuelva, no tiene nada de malo. El otro día en que pasaba por varios problemas fuertes a la vez, fui consciente de que tenía una gran resistencia al dolor, que deseaba que todo acabara pronto. Después de un rato, me di cuenta de que el dolor no se iría así. Así que me solté, relajé mi cuerpo, y le dije: bien, tómame, quiero sentirte. Y el dolor me cubrió como una enorme crisálida, y adivinen qué, el dolor desapareció en unos minutos. No volvió más y me hice cargo de todos mis problemas, uno por uno, con una tranquilidad inusitada. 

El miedo es parte de la vida del hombre. Pero el miedo al dolor, es un miedo que nos paraliza, que nos inutiliza y que nos hace caer en la evasión depresión-manía.  Bien visto, cualquiera de los dos polos, puede llegar a ser una terrible y mezquina evasión del dolor (paradójicamente esa evasión trae aún más dolor). 

Tal vez, habría que empezar a hacernos más amigos del dolor y advertir que aún cuando no es agradable, trae aparejado un gran aprendizaje y una gran apertura del corazón.

viernes, 29 de abril de 2016

La meditación y la bipolaridad







La meditación, en cualquiera de sus modalidades, es una práctica que entrena a la persona a manejar una frecuencia cerebral  distinta a la que comúnmente usamos. En circunstancias ordinarias, la mente se encuentra en ondas alfa y la meditación promueve ondas beta y gamma. Esto comporta cambios a muchos niveles; a nivel de la química cerebral influye en la producción de hormonas y neurotransmisores como las endorfinas, las cuales aportan una sensación de bienestar y tranquilidad; también promueve cambios corporales en los que nos encontramos alerta pero sin prisa, enfocados y concentrados en una sola actividad, en estado de calma y con mayor lucidez. Esto debido a que en la mente ya no se suceden los pensamientos atropelladamente. La mente está más limpia. No somos víctimas del estrés, ni de la angustia.



La práctica de la meditación me hizo comprender que había cosas en mi vida que no estaban bien. Tenía contradicciones entre lo que pensaba, lo que sentía y lo que finalmente hacía. La práctica fue integrando mi ser. Poco a poco empecé a ser congruente y lo más importante, a enfrentar aquello que me producía crisis.

Además de la meditación, nuestro maestro nos ha mostrado el camino del servicio. Servir, para mí, es un acto sagrado que garantiza la congruencia entre la vida y el crecimiento interno. Servir es un tónico para el alma y para mí, un remedio que ayuda a sanar con eficacia la bipolaridad.

Servir es un verbo amplísimo; es un acto trascendente que puede iniciarse en lo más cotidiano y simple: atendiendo a los  hijos, a la pareja, cocinando un buen platillo para la familia, curando a alguien, enseñando, dando lo que soy, lo que sé, lo que tengo. Lo que he encontrado es que para que sea eficaz debe de ser un acto natural, nunca obligado, nunca de mal humor. De preferencia debo servir disfrutando, libremente, fluyendo con armonía. Cuando siento el amor picando una verdura, barriendo, escribiendo, compartiendo algo que puedo hacer bien, me estoy curando. Me curo de mi impaciencia, de mi egoísmo, de mi cortedad, de mi intolerancia, de la sensación de que el mundo corre sin mí o a pesar de mí. Me siento plena, hay una sensación de paz, de contento. Servir ha sido para mí tan importante como el medicamento, porque me dota de alegría y de un sentido de vida.